martes, 31 de marzo de 2009

Quiero Dispararle al Aire


Me he sentado en un lugar para cerrar este ciclo de emociones.
Ahora no le tengo miedo a las cosas por que en realidad las cosas como tales, no dan miedo. Reflexionaba a veces sobre como estas ilusiones destrozadas por instantes terminan siendo el blues del esclavo la materia prima para que bohemios como tu o yo, estén escribiendo sobre esto. Se me viene a la mente la ocurrencia indiscreta de esa extraña cinta y de la filmografía que Vincent Gallo inicia con un film de Kusturica sobre sus coactuaciones auspiciadas por un Hitchcock Lleno de Aeroplanos, pero con el tiempo, la imagen tierna y prometedora de ese Vincent Gallo Encerrado en la actuación, despertaría a otro Vincent Gallo encubierto en la dirección, en la composición, en la edición, y haciéndonos de un gran paquete de nueva cuenta dándose un rol principal. Esta elocuencia pasa por un extraño momento que lo veo como una surreal metáfora de estos tiempos de crisis. De estos cuando a veces te arrematan las ilusiones a instantes. Pero para su caso un Billy Brown termina siendo quitado de sus manos un deseo largo de liberación con sus amoríos. Con ese pesado amor que su familia terminó confundiendo con fanatismo, y que lo llevan (después un largo viaje de vuelta a casa), a recurrir a estas extrañas practicas de raptar gente y hacer carta de presentación a ese pasado que se ha despojado. Buffalo Sesenta y Seis, es una metáfora de algunos sentimientos universales. De la avaricia entre hombres, del poder y la ambición controlada, y que termina siendo el final para las promesas de terceros. Si pudiera dibujar un boceto, lo haría con Buffalo Sesenta y Seis, y e que mejor si vemos al cine desde el punto en que lo toman. La gente es muy puta, no toda pero la hay. No me fio de la idea de que tal vez, estemos rodeado de infinidad de caras largas aplanadas para un almuerzo. Mi hermana anda siendo acechada por más envidia, gente que de ninguna idea intentan colocar trozos de madera sobre el papel. Pero si hemos hecho todo lo que la sociedad nos ha estipulado como correcto. No sacamos nuestros autos cuando no deben circular, pagamos nuestros impuestos, somos buenos vecinos, queremos a nuestros hijos. Todo este teatro es un acertijo complicado, nadie logra entender bien a las relaciones en la humanidad hasta que te das cuenta que todo eso carece de ella. Nadie te pude demostrar que no está allí para cagarte, hasta que te das cuenta de que se le olvida, que existe un peso aún más entero en el universo que es capaz de obstruir todo esto. Pero como nadie está dispuesto a entender, más aquellos que entiendan esto que Billy Brown termina comprendiendo con esos chocolates y la taza de café que para el final de Buffalo Sesenta y Seis, significan el logro de la vida por quitarle esa desrazón a las cosas tontas que hemos hecho para adelantarnos en la carrera, sin importar a quién tiremos, hablaremos de otro estado de consciencia capaz de ver que todo esto no necesariamente tiene que ser materia prima para una obra bizarra, una que después de ser facturada sabe mejor por su añeja consistencia.

Billy y estos males psicológicos contemporáneos.


Se acabó Marzo
un mes estresante, frío, egoísta.
Me hizo ver luz, y ya.